Existen momentos en la vida en los que todo se hunde en nuestro rededor, como si vivieras en la falda de una montaña y, tras varios días de lluvia, vieras como la tierra se desmorona en torno de tu casa. En esos momentos sientes que no hay donde ir o esconderse, tan sólo esperas que el derrumbe te arrastre a ti también.

La diferencia entre una situación así y los devenires de la vida en si, es que a la primera es muy dificil sobrevivir, mientras que a los segundos siempre lo hacemos.

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