El Mundo, la Carne y el Diablo

Imaginaos tener toda una ciudad para vosotros solos, ir a donde quisierais, elegir cualquier cosa que os guste y simplemente llevárosla, vivir en el apartamento que más os guste, etc. ¡Libertad y medios casi ilimitados! Esto se antoja casi como el paraíso, tan sólo hace falta la Eva de la nueva era (o Adán, según sea el caso) para una felicidad absoluta. ¿Pero si en lugar de fantasear con nuestra vida somos escritores? Pues como en nuestra naturaleza está el ser un poco puñeteros, vamos y metemos a uno más en el cuadro para que se forme un triangulo y así evitar que nos quedemos haciendo círculos. 😈

The World, the Flesh and the Devil.
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Afiche de The World, the Flesh and the Devil.

¿Porque os comento todo esto? Recordad una de las entradas anteriores en la que os hablaba de los clásicos del cine y de mi búsqueda tras los orígenes de Soy Leyenda (Francis Lawrence, 2007) y toda la galaxia de películas apocalípticas que siguen la temática de “persona sola en una ciudad desierta”. Pues me encontré una joya del cine de ficción científica,The World, the Flesh and the Devil (Ranald MacDougall, 1959), una película impecable en muchos sentidos.

Las escenas de Nueva York desierta están hechas con un realismo impresionante (recordad que no existía el 3D Max Studio en esa época), los diálogos son inteligentes y emotivos, la hecatombe de gas radioactivo es bastante creíble y los arcos argumentales están muy bien llevados.

Si a esto le agregamos la participación de tres tremendos actores (sí, y no hacen falta más, créanme) como son la guapísima actriz de origen sueco Inger Stevens, y los talentosos Harry Belafonte y Mel Ferrer, tendremos una potente drama desarrollándose. Hablando de drama, la preciosa Inger Stevens y el apuesto Harry Belafonte llegaron luego a ser pareja, pero no duró mucho. Esto es algo que fue una constante en la no tan exitosa vida personal de Inger Stevens.

Lo único que ha envejecido de la película es la parte correspondiente al conflicto racial (Harry Belafonte es de tez negra), porque aunque aún existen tales problemas ya no son tan dramáticos como en esta cinta. Al menos eso espero. Sin embargo, el que los dos personajes principales nunca lleguen a follar, que en su momento fue cuestión de auto-censura, ahora nos permite disfrutar de escenas tan simbólicas y cargadas de emotividad como la escena del corte de pelo.

The World, the Flesh and the Devil.
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¿A qué otra cinta os recuerda esta escena de la película The World, the Flesh and the Devil?

Por cierto, no os perdáis la escena donde Ralph Burton (Belafonte), al llegar a Nueva York, se encuentra con cientos de automóviles abandonados en las salidas de la ciudad. 😯 Tampoco la escena donde Sarah Crandall (Inger Stevens) y Benson Thacker (Ferrer) salen de picnic a un parque cuya vegetación ha sido arrasada por la radiactividad.

Como sé que es casi imposible encontrar esta película, os dejo la versión original en inglés (sin subtítulos, lo siento) de The World, the Flesh and the Devil que encontré en Youtube. También os dejo la novela de M. P. Shiel en la que se basó muy libremente la película: La Nube Púrpura I y II, y The Purple Cloud.

Espero que las disfrutéis.

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